lunes, 30 de octubre de 2023

¿El huevo, o la gallina?

La observación de la conducta de numerosas personas, realizada dentro de mi entorno de forma natural y discreta, no deja de llevarme siempre hacia los mismos pensamientos y conclusiones. Me gustaría establecer una conexión entre dos aspectos de la conducta humana manifestada en adultos, la dificultad conductual en la toma de decisiones con seguridad e individualidad en una etapa de madurez, junto con un sentimiento patológico de frustración que se potencia y cronifica a lo largo de la adultez.

Combinar la existencia de un locus de control externo con un sentimiento creciente de frustración del adulto, provoca un comportamiento reactivo hacia el entorno que le rodea. Es relevante recalcar la mención del desarrollo de este trastorno desadaptativo en la adultez, ya que es la acumulación de experiencias en diferentes ámbitos la que genera el deseo de independencia, envidiando el poder del que otros disponen a la hora de tomar las riendas de su vida.

Pienso que una sociedad que se desliga de sus orígenes naturales, empieza a sentir cómo disminuyen sus sentidos progresivamente, comienza a perder el motivo de su existencia o función en el mundo. Una sociedad que, desde que empezó a vivir en comunidad y desarrolló habilidades sociales y reflexivas, no ha dejado de buscar una meta o una razón para su existencia, siendo esta aprovechada por intereses ajenos que hicieron surgir por ejemplo, las religiones, no podría tener otro destino diferente.

¿Como utilizarán nuestras modernas inseguridades, para seguir teniendo el control sobre una masa heterogénea? Jugaré a algo tan simple como el cambio de roles, seré como uno de esos investigadores sensibles que se ubican en medio del escenario del crimen y cierran los ojos, para convertir su piel en la del asesino. Mi escenario será tan extenso como un país, mis armas serán el control de la información y su alcance y las balas, serán una sucesión de cal y arena. Mi objetivo son las mentes vulnerables, los espíritus débiles, los individuos que encomiendan su destino a otros y que viven con frustración sus fracasos, aquellos que no son porque otros no se lo permitieron o aquellos que se han convertido en lo que otros han provocado.

Si yo fuera la mente maestra, mi objetivo sería encontrar al chivo expiatorio perfecto, alguien capaz de cargar con la responsabilidad de tantos males ajenos, que aún perteneciendo a polos opuestos surgen de un mismo malestar, como lo es la falta de la asertividad y personalidad necesaria para llevar las riendas de su propia vida. Usaría la frustración que surge al ver a otros llevando a cabo sus metas, agrandando la brecha que existe entre ambos perfiles y explotando el ideal de la desigualdad, convirtiendo la ausencia de un carácter ambicioso en una falta innata de posibilidades, no soy igual que el otro porque el sistema y la sociedad me pusieron la zancadilla deliberadamente.

Mi plan perfecto sería identificar las posibles víctimas del sistema, aquellas que sin herramientas para reaccionar, se sintieron abandonadas y sucumbieron a la tristeza y la envidia, que sólo buscan una razón de ser y un papel en la sociedad. El ideal sería conseguir un ejército de personas enfurecidas, a las cuales se les ha privado de su responsabilidad individual para actuar ante la adversidad, enalteciendo la firme creencia de que lo verdaderamente ético y humano, es la erradicación de los obstáculos que han enfrentado, aquellos contra los que deberán lidiar en un futuro. El plan perfecto es demonizar a discreción a todo lo que hizo daño al ejército de cristal que he creado, convirtiendo en enemigos naturales a aquellos individuos que generaron su frustración, hayan sido, o no, la fuente de sus problemas.

No sé si el sistema tiene o no la culpa. Ni yo, ni los abanderados que luchan contra el a diario tenemos la influencia ni la capacidad para descubrirlo, pero en lo que si creo, es en el libre albedrío de la sociedad a la hora de actuar y de pensar. Qué importa el origen del odio o del mal trato una persona provoca a otra, si carecemos de herramientas para proporcionar una respuesta en tiempo real. Es más fácil pensar que somos movidos por los hilos del sistema. Esta teoría anula la capacidad de reflexión, ya no existe la necesidad de descubrir si la existencia del huevo se produjo antes que la gallina o viceversa, porque ambos parten de un mismo principio, las interacciones bidireccionales entre dos personas pasan a un segundo plano y tanto la acción, como la reacción, son fruto de la cultura local.

El crimen perfecto es sobreinformar a los otros, mostrar la inmensidad del bosque, mientras se oculta la importancia de plantar sus semillas y conseguir que se reproduzca. Ya no hace falta poner atención en el proceso, porque ahora alcanzamos a ver sin esfuerzo su resultado. Para qué seguir cuestionándonos y haciéndonos preguntas, si alguien ya se ha tomado las molestias de darnos las respuestas, dando personalidad y nombre a nuestras sombras. De momento lo que el sistema proporciona es la tranquilidad de seguir existiendo a la deriva, difuminando los conceptos de obligaciones y responsabilidades, orientando tu necesidad de salvación hacia otro sistema que te protege.

¿El huevo, o la gallina? ¿Mi decisión, o su consecuencia? ¿Mi sufrimiento, o mis actos? ¿Lo que tengo, o lo que pude tener? ¿Soy fruto de mis acciones, o mis acciones son fruto de lo que soy?

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