lunes, 12 de junio de 2023

Sobre las huellas que dejaste

En numerosas ocasiones, por mi cabeza resuena una pregunta, comparable a una de esas heridas palpitantes ubicadas en uno de los pliegues de tu inquieto pulgar, que se empeñan en recordarte a diario su existencia. Es una de esas cosas que desafía todo intento de psicología positiva, de esas que tiran por tierra las diferencias individuales de cada persona, donde no existen las múltiples soluciones para un mismo problema. A veces, existen cuestiones que nos aquejan profundamente y que no podemos resolver mediante la instrospección y, mucho menos, con el deseo de indagar hasta la raíz del problema. Os aseguro que es decepcionante realizar un trabajo que no proporciona una solución, ni un beneficio.

En esta ocasión ni si quiera es necesario estrujarse mucho los sesos, sólo es necesario formular la pregunta en su totalidad, para deducir que no existe respuesta posible en el 99% de los casos. El otro 1% pertenece a la variable extraña descubierta, que representa a los individuos vestidos con camisa de Pedro del Hierro o Ralph Lauren en su defecto, e influía directamente en la formulación de una respuesta, de carácter pedante. A lo mejor mi siguiente estudio, trata de establecer una relación entre la personalidad narcista, con el continuado consumo de prendas de Cortefiel.
Sé que teorizar sobre el narcisismo masculino hoy en día, goza del reconocimiento por parte de aquellos que juegan el papel de espectador, dejándose secuestrar por los deseos de un algoritmo tirano, compartiendo y defendiendo su finalidad desde el más profundo síndrome de estocolmo. Por desgracia mis inquietudes siempre han tenido un motivo más impopular, son famosas por generar debates en los que no apetece participar, donde los que sienten miedo y además carecen de vergüenza, gustan de convertir en discusión.

¿Cómo será representada nuestra generación en los libros de historia en un futuro? La pregunta es de esas que podrían definir la trama de un libro de ciencia ficción. El argumento es la aparición del típico personaje, representado como un abuelo entrañable, que aún viviendo en el año 2150 se empeña en narrar historias de 2023. Me encantaría ver cómo, mientras la pantalla se va tiñendo progresivamente de un color sepia, alguien que ha indagado en el impacto social que producimos como generación, interpreta nuestra existencia. Puede parecer una paradoja, pero si hacemos memoria, nosotros ya hemos pasado por el conocimiento de realidades pasadas, explicadas desde teorías surgidas de las investigaciones desarrolladas en el presente. En otras palabras, me gustaría vivir, por ejemplo, un sentimiento parecido al de aquellos adultos que, mientras estudiaban historia con sus hijos, descubrieron que fueron lo suficientemente importantes como para protagonizar el Baby Boom.

Cuando comparto e intento despertar otras opiniones acerca de esta pregunta, me encuentro con respuestas, que incluso de forma no verbal, expresan un sentimiento de ridículo y de falta de interés. Me entristece que a los demás no les entristezca que, la huella que dejemos como sociedad y como ejemplo para un futuro, no sea más que un conjunto de malas decisiones. Teniendo en cuenta la falta de interés por la cultura y el consiguiente declive del visionado de documentales más realistas, supongo que, en un futuro, solo existirán dos maneras de representar los hechos históricos. Las películas que ensalzan aquellas épocas dignas de admirar, con personas que influyeron positivamente en el bienestar de la humanidad y, por otro lado, aquellas que representan situaciones que nadie quiere repetir, llena de personajes con los que anhelas no coincidir en tu realidad.

Nosotros no somos así, nosotros nos enfrentamos, nos cuestionamos, nos criticamos y nos derribamos los unos a los otros. Imponemos sin dudar en otros, ideas que nosotros mismos hemos decidido dar por únicas y verdaderas. Somos la generación que tuvo la libertad a su alcance, que tuvo el poder de organizarse y que se obsesionó con la idea de que vivía entre barrotes. Los barrotes solo cortan el paso a aquellos que viven encarcelados y en todos los demás casos, esta idea es abstracta y su grado de efectividad varía según la persona, sus ideales y maneras de afrontar y adaptarse a la realidad. El sentimiento de privación de libertad en nuestra época es desconcertante, dejando entrever unas intenciones macabras propias únicamente de esta generación, la generación a partir del 2000.

A estas alturas, todo apunta a que vamos a protagonizar una peli de las malas, de esas con protagonistas tan malos que, aunque aparezcan en otras películas, no puedes dejar de odiar en silencio. Porque como colectivo, como vecinos y como iguales, hemos sufrido la mayor humillación jamás vivida por parte de aquellos que presumen de estar por encima, para velar por nuestra seguridad. Porque nos han anulado, porque han difuminado nuestros objetivos y nuestras prioridades, porque han hecho evolucionar el concepto de buenos y malos, y esto ya no es tan fácil de percibir como cuándo los alemanes persiguieron a los judíos, no es EEUU bombardeando Irak, ni la disputa entre Siria e Irak por la tierra prometida. No existe un uno contra uno, es mucho más complejo.

La clave de nuestro poder está en obviar los barrotes, tanto buenos como malos pueden verse atrapados tras ellos y, en ocasiones conseguirán traspasarlos con valor, mientras que en otras perecerán con honor. La binariedad consigue que el enfrentamiento sea medianamente equitativo, separando los poderes en dos grupos que, por lo general, son bastante homogéneos, posibilitando a partes iguales la represión y la resistencia. En un futuro nos estudiarán como la única época en la que, asumimos los discursos de quienes nos gobernaban y los convertimos en los principios básicos de nuestro intento de resistencia. 

Bajo la máscara de la visibilización, se nos ha segregado en pequeños grupos considerados oprimidos, se ha tenido la clara intención de acentuar las diferencias entre los mismos, desviando la atención hacia disputas dentro de los mismos barrotes. Se nos ha cargado con la culpa de generar problemas sociales como el racismo, y se nos ha otorgado la responsabilidad de solucionarlos mediante el despojo de nuestros prejuicios. Cómo humanos deberíamos proceder siempre con respeto hacia el diferente, porque incluso tu hermano, de los mismos padres y nacido en el mismo país, es diferente a ti. Con esto aclarado, o quiénes establecen el orden establecido tienen un CI por debajo de la media, o el mensaje que envían tiene un claro objetivo, porque es muy diferente promover el respeto, que la tolerancia forzada y la justificación y defensa de acciones indefendibles. 

Porque esto no va sobre lo mucho que le jode a Mari Carmen las ayudas que le dan a su vecina magrebí, que ella nunca recibió. Esto no va sobre actuaciones que se juzgan como condenables, nos debería dar igual si Mari Carmen y Manoli han apostado un café con baylis a que en dos meses tiene otro niño. No va de eso porque no merece ni darle eco, porque no hay mayor desprecio que no hacer aprecio, y quién pierda el tiempo cazando individuos incultos con frustraciones no resueltas, decirle que nuestros abuelos ya lo avisaban, te pasas el día matando tontos pero nunca se acaban. Al tonto de la clase se le ignoraba, porque así aprendía que su conducta no es recompensada, porque si darle una importancia excesiva a sus actos hace que sea más tonto en un futuro, me parece más cruel. Porque  esto no va sobre que el hecho de que haya algo diferente entre tus piernas me moleste, va sobre mi libertad a la hora de escoger con quién comparto mi vida íntima, y entendiendo que todos sufrimos el rechazo alguna vez. Esto no va sobre la entrevista de trabajo en la que unos hombres cisheterosexuales, rechazaron tu candidatura porque escribiste "no binaria" en la casilla de género. A lo mejor no le gustó tu pelo azul y tu ropa de 5° mano y, deberías aceptarlo. 

A veces me asalta la imagen de un hombre sexagenario, cuyo estilo es un chándal de Kappa y un peluquín que se pega a escondidas con el pegamento de su hijo. Sería entendible que, después de pasar toda la entrevista con tu atención puesta en una mancha de sopa en su camiseta, este señor no fuera clasificado como apto para algunos empleos. Ahora es cuando viene lo interesante, el momento en el que se declara la fobia hacia este grupo concreto de personas, que salen a la calle exigiendo sus derechos. Porque los hombres con olor a puro y bigote amarillo merecen un trato igualitario, porque nadie tiene por qué prohibirles que combinen cuadros con rallas y porque no incluir una copa de whisky en los menús de desayuno, es excluyente para su colectivo. 

Esto va sobre entender, que aunque lo enunciado anteriormente no son situaciones agradables, la erradicación de su existencia no está a nuestro alcance, por mucho que el mensaje emitido exija la normalización dentro de la sociedad de colectivos, hoy en día, minoritarios. Porque guste o no, las personas actuamos con cierto libre albedrío, no podemos manipular directamente la conducta de otros para evitar situaciones incómodas o de riesgo. Por mucho que tengas derecho a conocer de fiesta a Pedro, subir a su casa y tener relaciones sexuales respetuosas, no está ni en tu mano ni en la de cualquier fundamento ideológico, el poder evitar que Pedro sea una mala persona y que, además, haya llamado a Juan para pasar el rato los tres. Pedro, se merece una denuncia, que sólo pueda ser resuelta con incontables años de privación de libertad y de dignidad pero, también es importante aprender de las consecuencias de nuestras decisiones, ayudándonos a tomar conciencia y responsabilidad sobre ellas. Esto nos da la capacidad de adquirir recursos que, desde el más puro sentido biológico, nos ayudan a percibir, a adaptarnos, a anticiparnos y a sobrevivir en un entorno, en el que tenemos que existir y que debemos afrontar.

Me dispongo a finalizar esta crítica advirtiendo que su contenido, corresponde a la opinión propia de la autora, obtenida mediante la sistemática observación y necesidad de dar un sentido a patrones de conducta, que considero influyen significativamente en la mentalidad colectiva actual. Lejos de querer influir y modificar las corrientes de pensamientos o valores ajenos, la finalidad de esta discusión filosófica es la de estimular el pensamiento y generar el contínuo deseo de cuestionar las normas. Porque no es maquiavélico cuestionar las políticas actuales, sobre todo si no están funcionando, porque la única manera de avanzar en todos los aspectos relacionados con la sociedad, es la continua investigación, revisión y discusión de algunos conceptos, para obtener la oportunidad de mejorarlos y hacer frente a la adversidad.

"La gente que carece de herramientas para solucionar sus propios problemas, traslada el foco de estos hacia factores externos y se exhime de responsabilidad ante sus actos, pues no tiene el control sobre ellos." - Irene Campo González.




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